- Necesito verte. Por favor.
- No, hasta que el invierno termine.
- ¡Qué ridícula eres!
- Si tú lo dices…pero no te veré antes de eso. Es un asunto muy personal ¿sabes? Si te veo antes de que termine, entonces todo será diferente. Se quebrará.
- Pff…no tengo idea de lo que estás hablando.
- Ya sé, nunca logramos traspasar el código casi sacramental que para son las palabras para mí…y yo nunca fui suficientemente paciente contigo. Lamento eso, aunque no tanto.
- Chale…me desesperan tus formas.
- A mí me desesperas tú, por eso no quiero verte. Ya imagino la escena: los gritos y labios mordidos de tanta desesperación. Y no estoy dispuesta una vez más.
- No tiene que ser así ¿por qué eres tan fatalista?
- Eso es lo que nunca entendiste, jamás ha sido una cuestión de fatalismo, al contrario…en fin, no pienso empezar esto por teléfono.
- Bien, como gustes.
- Tengo frío, quizá salga un ratito a caminar, antes de que no queden hojas que pisar, y prometo que pensaré en ti.
- Vale, también pensaré en ti. ¿Pero por qué con las hojas?
- Por el sonido. Me recuerda cuando me acuesto en tu pecho, te siento quebrarte.
- …





